Investigadores del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) han creado un gel capaz de cambiar de color rápidamente en respuesta a una amplia variedad de estímulos, como la temperatura, la presión, la concentración de sal o la humedad. Entre otras aplicaciones, el nuevo material podría ser usado como un sensor químico rápido y barato, por ejemplo en una planta de procesado de alimentos, donde un cambio de color indicaría si ingredientes que deben conservarse en ambiente seco han estado expuestos a excesiva humedad ambiental.
Hasta ahora existían objetos capaces de reflejar distintos colores, pero una vez fabricados sus propiedades no cambiaban. Los científicos del Departamento de Ciencias Materiales e Ingeniería del MIT han superado esta limitación combinando varias capas de dos materiales, poliestireno y poli-2-vinilo-piridina. El grosor de estas capas determina qué ondas luminosas refleja el gel en cada momento, y por lo tanto su color. Estímulos externos como el pH o la concentración de sal pueden cambiar ese grosor (y el color) en cuestión de segundos, según publican sus creadores en el último número de la revista Nature Materials.
Cuando alguien lleva puesta la camiseta FIED (siglas de Flexible Integrated Energy Device), la simple vibración que genera mientras se desplaza puede ser canalizada hacia una batería recargable integrada, o suministrar energía al reproductor de música o el teléfono móvil que está utilizando. Y todo manteniendo el aspecto de una camiseta corriente.
Esta nueva generación de prendas generadoras de energía está siendo desarrollada por los investigadores australianos del CSIRO. Aunque de momento sólo está disponible el prototipo, sus creadores auguran un futuro brillante como prenda de uso habitual entre los soldados en el campo de batalla, o para deportistas y exploradores científicos que recorren grandes distancias a pie, ya que evita llevar a cuestas pesadas e incómodas baterías
No se deje engañar por la apariencia frágil de las polillas. Uno sólo de estos insectos puede mover una máquina con ruedas usando su pequeño cerebro, del tamaño de un grano de arroz.
El ingeniero Charles Higgins, de la Universidad de Arizona, hizo una demostración pública de que esto es posible en la reciente reunión de la Sociedad de Neurociencia, en Estados Unidos. La polilla, inmovilizada en el interior de un tubo de plástico a bordo de un robot de 15 centímetros de altura, hizo girar y desplazarse a la maquina, a derecha e izquierda, con sólo mover sus ojos, ante las atónitas miradas de los presentes. El secreto: un electrodo unido a una única neurona de la región del cerebro que se encarga de fijar su visión durante el vuelo. Usando una fórmula matemática, explicó Higgins, un ordenador traduce estas señales cerebrales en acción, y el robot se desplaza.
La tecnología, aún en pañales, podría usarse en el futuro para proporcionar autonomía de movimientos a minusválidos y amputados, según ha adelantado Higgins.
¿Sabría distinguir un cuadro de Leonardo da Vinci de una pintura de Durero, aunque no los hubiese visto antes? Un nuevo software desarrollado por la Universidad de Haifa sí es capaz. Al programa le basta con “estudiar” unas cuantas obras de cada artista para identificar (y archivar) los rasgos de su estilo individual y único. Después, ante una pintura desconocida, el ordenador transforma los trazos en una compleja serie de símbolos matemáticos, senos y cosenos, antes de ofrecer su “veredicto” pictórico. “Tan pronto como aprende a reconocer los dibujos de relojes de Dalí, es capaz de identificar otros cuadros del artista catalán, incluso sin relojes”, explica Daniel Keren, creador del software.
El avanzado programa ha sido desarrollado aplicando los últimos conocimientos en visión por computador, un campo “muy complejo y polifacético” según Keren, que asegura que la capacidad de las máquinas es todavía muy inferior a la del ojo humano. “La visión humana ha estado sometida a millones de años de evolución, y nuestro campo tiene sólo 30 años”, justifica. Y añade que, en esta fase, los ordenadores todavía tienen dificultades haciendo “cosas tan simples como reconocer la imagen de una cara humana”.
Nunca antes la cantidad de información a la que podemos acceder había sido tan abundante. Gracias a (o por culpa de) Internet, millones de personas viven desbordadas ante el volumen de mensajes y noticias que se publican a diario. Ante esta situación, ¿es posible establecer una pauta sobre la atención colectiva?





